Hoy | Abierto 11 AM – 7 PM

Lo que el cuerpo guarda

Tania Bello, Ana Hernández, Ana Paula Santana

Del 25 de Octubre 2026 al 10 de Enero 2027

Curaduría de

Samuel Leuenberger

Primera exposición del ciclo Todo pasa a través

Sostener no es lo mismo que sellar. Una vasija existe porque tiene un interior, pero también porque ese interior puede ser penetrado, llenado, vaciado, sonado, protegido o transformado. Un cuerpo es una vasija como tal. También una casa. Una concha. Un vientre. Una olla de cerámica. Cada uno establece sus delimitaciones entre el adentro y el afuera, pero ninguno de estos límites es absoluto. El aire entra. El sonido viaja. El calor se escapa. La memoria se acumula. Otro cuerpo llega.

 Lo que el cuerpo guarda conjunta la obra de Tania Bello, Ana Hernández y Ana Paula Santana en la primera exposición del ciclo Todo pasa a través. Sus prácticas convergen alrededor del cuerpo, no desde la imagen, pero desde su estructura: algo que contiene y es contenido, que ocupa espacio mientras que permite que otras cosas pasen a través de él. A lo largo de la exposición, las escalas cambian; el visitante se sitúa reiteradamente en relación con el interior: se le invita a entrar, escuchar, ver hacia adentro, moverse debajo o alrededor. 

Para Tania Bello, la arquitectura crece desde la pregunta de qué significa habitar un cuerpo. Su trabajo comienza con una conciencia del barro como tierra y del cuerpo como una parte de este mismo continuo material. Casa, vasija y cuerpo se vuelven formas recíprocas, cada una adquiriendo significados a través del espacio que disponen. En Plataforma, Bello expande este pensamiento hacia una estructura arquitectónica grande que por sí misma puede ser ingresada: menos una representación del cuerpo que un espacio que se comporta de manera corporal, un umbral entre la exposición y el refugio, la visibilidad y la oscuridad. Alrededor de ella, se encuentran obras en piso y muro que sugieren extremidades, cavidades, soportes y aperturas. Sus superficies casi negras refuerzan un sentido de un interior oculto, una profundidad que se resiste al reconocimiento inmediato. En lugar de describir el cuerpo de manera anatómica, Bello se pregunta lo que significa encontrarse con uno desde afuera mientras se sabe que mucho de lo que lo constituye permanece inaccesible. 

Ana Hernández se aproxima a la protección y a la interioridad a través de la memoria cultural, el conocimiento heredado y el paisaje del Istmo de Tehuantepec. Al centro de su instalación se encuentra una enorme forma de tortuga, lo suficientemente grande para que dos personas entren, un paisaje sonoro agrega una capa invisible de voz, resonancia y memoria. Su caparazón se vuelve tanto un cuerpo animal como arquitectura: un lugar protector y sagrado, de refugio, concentración y conexión. Un gran textil forma otra piel o manta, extendiendo esta lógica mientras hace una delimitación mutable —puede cubrir, descubrir, moverse y responder a los cuerpos—. Aquí la protección, no obstante, permanece inseparable de la vulnerabilidad. Hernández en repetidas ocasiones ha trabajado con materiales de la naturaleza, entre ellos la paja, que conllevan una contradicción productiva. Lo que se puede ver como maleza, también nutre, puede construir una casa y proveer calor, pero también puede prender fuego fácilmente. Lo que da refugio nunca es invulnerable, y lo que aparenta ser marginal puede dar sustento de vida.

En Vaivén, de Ana Paula Santana, el contenedor se vuelve resonante. Cinco vasijas de cerámica cuelgan suspendidas en el espacio, hechas con el mismo molde, pero alteradas de manera individual. Esta obra la hizo Santana durante su embarazo y su investigación de la voz como vibración: antes de que el lenguaje se vuelva inteligible, la voz ya existe como aire, movimiento y frecuencia. Durante la gestación, puede alcanzar otro cuerpo antes de que las palabras se entiendan: comunicación antes que semántica. Las voces detrás de Vaivén vienen de Santana y cuatro mujeres que conoció mientras estaba embarazada, cada una grabada mientras le hablaba a su bebé nonato. Santana analiza estas voces de manera espectral, extrayendo frecuencias que informan el sonido y las cualidades cromáticas de la cerámica. Lo que comienza en la intimidad del habla es traducido a vibración, color, material y movimiento mientras las vasijas suspendidas oscilan y giran a través del espacio. El embarazo —ese proceso extraordinario en el que un cuerpo se reorganiza para hacerle espacio a otro— se vuelve una forma de pensar más allá de la individualidad. Un cuerpo no solo está delimitado por su piel: también se puede extender a través del sonido, contener otra vida y participar en redes de dependencia y cuidado.

A lo largo de la exposición, el acto de sostener toca inevitablemente lo materno, pero no como una identidad fija o un destino biológico. Más bien, lo materno aparece como una condición espacial y relacional: la capacidad de hacer espacio. Bello recuerda el cuerpo de su madre como su primer refugio; Santana considera la voz que llega a un niño antes de nacer; Hernández transforma la concha en una arquitectura protectora y sagrada que conecta la experiencia individual con la memoria comunitaria. En cada caso, sostener es una acción más que un estado.

Las tres artistas resisten a la idea del cuerpo autónomo y autocontenido. Sus cuerpos son porosos: reciben voces, historias, otros cuerpos, tierra, afectos, sonido y memoria. Lo que el cuerpo guarda se preocupa menos por lo que el cuerpo posee que por lo que pasa a través de él. Una voz se recibe y se transmite. En un refugio se entra y se vuelve a salir. La arcilla toma forma y eventualmente puede regresar a la tierra. La paja puede alimentar, albergar o arder. El conocimiento viaja a través del gesto; la memoria pasa de una generación a otra.

Como la exposición inaugural de Todo pasa a través / Everything Passes Through, Lo que el cuerpo guarda comienza con una paradoja: antes de que cualquier cosa pase a través, debe haber algo capaz de recibirlo. Un cuerpo. Una vasija. Un refugio. Y quizás lo que hace que estas estructuras estén vivas es precisamente que nunca pueden retener por completo.

Samuel Leuenberger, Octubre de 2026

Av. Ignacio L Vallarta 1246 Col. Americana

44160, Guadalajara, Jal. México

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Ciclo curatorial "Todo pasa a través"