Hoy | Abierto 11 AM – 7 PM

Marcel Dzama: Sus Años en Guadalajara

Marcel Dzama

Desde el 2009, Guadalajara ha sido un terreno donde el artista Marcel Dzama se ha nutridó de cierta inspiración que trajo la cosecha de un trabajo inestimable, la cual implicó inmersión, experimentación y aprendizaje en buena medida.

A partir de elementos como la tradición del uso de color en la cotidianidad hasta la inmediatez con la que coexistimos con situaciones casi oníricas, la inspiración durante sus estancias en Cerámica Suro fue tal que la materialización desembocó en esta extensa obra que, en su gesto teatral, se hace de la sala y nos sugiere haber llegado a tiempo de la tercera llamada: principiamo!

La sala del museo se transmuta en una suerte de fragmento de cómic o en un anfiteatro que reproduce las leyes del universo dzamiano. En insospechables mezclas de elementos fundamentales para el artista, como la musicalidad de sus dibujos al tiempo de un silencio al que aluden sus esculturas, los inusitados disfraces con los desnudos familiares, la dramaturgia y la tranquilidad, lo siniestro de sus criaturas congeniando con la delicadeza de un pie descalzo, se entra en un ambiente espeso que casi permite palpar la presencia del artista.

La exposición pretende que una pregunta se vuelva inevitable para el espectador: habiendo atravesado el terreno de la vista inmediata, ¿qué queda más allá de la obviedad, por ejemplo, en un juego de ajedrez? Así como las palabras cuyo posicionamiento entre si manifiesta un universo vivenciable para quien las lee, para Marcel Dzama, el ajedrez, con todas sus piezas, es, en cada juego, una función trágica de ballet; o, desde otra óptica, su tablero podría ser la escenografía de una trama previamente conocida.

Un lugar donde se les impone a algunos entes el deber de ser una ficha, obligados a actuar dentro de los límites de su movilidad determinada sin su consideración, entreteniendo al par que empuña el control, luchando a muerte con sus semejantes y muriendo a causa de sus desemejantes. Si se quiere, Dzama presenta el baile del ajedrez como una reproducción del sentido posible del mundo contemporáneo.

Por eso, gran parte de su producción en México, donde la analogía se vuelve más profunda y oportuna, consiste en dioramas de cerámica con personajes uniformados que encarnan el juego de su imaginario.

Además de las influencias del surrealismo y el dadaísmo, la práctica de Marcel Dzama anda a caballo entre la realidad y su inconsciente: en sus obras se puede interpretar qué tipo de sueños ha tenido, pues están en el fondo de su trabajo. El espectador experimenta la mortificación propia de una pesadilla o la exquisitez de un sueño agradable tan solo pasando la vista de un dibujo al otro.

El trabajo de Dzama se caracteriza por ser económico en medios; no suele extenderse más allá del lápiz, la acuarela sobre papel y, durante su periodo tapatío, la cerámica.

Tales materiales le han bastado para atrapar fragmentos de su interioridad y exportarlos. Entonces se consigue vivenciar este mundo dzamiano de índole poética, sentir las texturas, ser afectado por su luna y relacionarse con sus habitantes, hábitos que hemos disgrgado de nuestro mundo.

En una palabra, la exposición no solo busca voltear a ver los años de Marcel Dzama en Guadalajara, sino también revalorar la propia ciudad, para apreciar lo que para él significó una profunda fuente de creatividad.

Galería

Av. Ignacio L Vallarta 1246 Col. Americana

44160, Guadalajara, Jal. México

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